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diumenge, 25 de febrer del 2018

DE LOS NÚMEROS A LOS NOMBRES

Eva en los infernos. Mujeres asesinadas en Aragón durante la guerra civil y la posguerra. Antonio Perió Arroyo, Comuniter Editorial, Zaragoza, 2017

El objeto es este libro es analizar la represión que tuvo lugar sobre las mujeres en Aragón durante la Guerra Civil y la primera posguerra, estudiando su forma más violenta: el asesinato. La incidencia en Aragón de la represión durante esos períodos fue muy superior a la de los territorios limítrofes. Fue precisamente su situación fronteriza, con una línea de frente que dividía su territorio de norte a sus, la que motivó que fuera así, pues para los rebeldes era fundamental que los republicanos contasen con apoyos en el territorio que ellos controlaban. La proporción de mujeres entre las personas asesinadas fue mucho más elevada; los hombres jóvenes estaban en el frente, pero las mujeres –de cualquier edad- seguían masivamente en sus casas.

El estudio reconstruye parcialmente la biografía de 594 mujeres asesinadas por los sublevados y de otras 187 que fueron por los republicanos. El análisis de sus profesiones, sus afiliaciones, su grado de instrucción o las relaciones familiares (…) permite establecer perfiles de la represión y establecer comparaciones.

Del Maestrazgo y más concretamente de Cantavieja, se encuentra a Teresa Bono Beltrán, de 67 años y sin domicilio conocido, murió por estrangulación el 9 de junio de 1938 (pág. 267),
 

dissabte, 17 de juny del 2017

¡EVACUAD TERUEL!



La evacuación oculta

Editorial Comuniter, SL, Zaragoza
Uno de los aspectos menos estudiados de la historia de la Guerra Civil (como tantos otros, pero que poco a poco van saliendo a la luz) lo constituye la evacuación de la ciudad de Teruel tras la conquista republicana a finales de 1937. Toda una odisea para las 12.000 personas que habitaban en Teruel, entre civiles y militares, una vez en poder de la República.

Esta la presentó como una de sus acciones más importantes, siendo la única capital de provincia recuperada de la zona nacionalista. También la toma de Belchite fue un acontecimiento militar muy difundido por el gobierno republicano.

En el campo rebelde, el franquista, sólo se admitió la pérdida del Seminario, el último reducto de resistencia, evitándose hablar de la caída de Teruel. Los partes oficiales de guerra del ejército golpista, mencionan la resistencia  de sus tropas y de las bajas sufridas al enemigo y no de la capitulación de la capital.

Es un libro de 282 páginas, escrito por Antonio Peiró Arroyo (publicado en 2014), dividido en diferentes capítulos como: La primera fase de la evacuación, la segunda fase de evacuación, los presos de Mora de Rubielos, la evacuación del tesoro artístico, las prisiones valencianas y los presos turolenses, la atención de los aragoneses por tierras valencianas, la dispersión y retorno de la población evacuada y cerrando el libro con un apéndice, fuentes y bibliografía.

En sus últimas páginas Antonio Peiró presenta un listado nominal de los reclusos de la prisión de Mora de Rubielos, extraída de la Causa General.

La abuela Dolores me comentó que desde Mirambel se podía oír los combates. Si a 100 km de distancia se oían las explosiones, desde el último pueblo de la comarca del Maestrazgo, Allepuz, dirección a la capital, se podía oír e incluso verse los destellos de las detonaciones.

En http://www.cazarabet.com/conversacon/fichas/evacuad.htm encontrareis una entrevista realizada por Cazarabet en La librería de El sueño Igualitario

dissabte, 6 de maig del 2017

DESDE SIERRA MORENA A EL MAESTRAZGO con los Internacionales


De Críspulo Márquez Espada – Editorial San Martín, Madrid, 1988

Nació en Belalcázar, Córdoba, el 1 de agosto de 1915. Estudió el bachillerato en el Colegio Salesiano de Utrera, Sevilla y curso la licenciatura y el Doctorado de Derecho en Madrid, entre 1931 a 1936.

Críspulo Márquez Espada
Participó en la guerra como oficial del ejército gubernamental y durante su estancia en el frente del Maestrazgo, del 22 de marzo al 25 de abril, estuvo encuadrado en la División de Maniobras de Extremadura (capítulo V, pág. 103). Alcañiz, La Cerrollera, La Ginebrosa, La Cañada de Verich, Morella, Zorita, Villores, Cinctorres, Portell, Castellfort, Bordón… son algunas de las poblaciones que nombra el autor.

Aunque pudiera reputarse como “memorias”, no es éste su verdadero carácter, ya que el enfoque se centra en los acontecimientos vividos por el autor como simple testigo, más que como protagonista.

divendres, 21 d’abril del 2017

VEINTICUATRO HORAS PARA MORIR

La Batalla de Teruel explicada por un combatiente. De Sebastián Pelegrí Alegret


Nació el 7 de febrero de 1916 en Martorell (Barcelona). Estudió en colegios religiosos de Zaragoza, Tarragona y Reus, ciudades donde su padre, ferroviario, estaba destinado. A los 14 años empezó a trabajar en una cooperativa obrera, de una importante industria del cemento, experimentando en carne propia las luchas sociales de aquellos tiempos. Antes de cumplir los 20 años ya había publicado varias novelitas cortas.

Iniciada la guerra civil, a principio de 1937 se incorporó al frente de Teruel, y vivió las vicisitudes del asedio a dicha ciudad, que plasmó en una breve narración “El día que se rindió el Seminario de Teruel”, premiada en un concurso de “Historia y Vida”. Quedó atrapado en el puerto de Alicante, como tantos miles de soldados del Ejército Popular de la República. Era teniente de la XXII Brigada Mixta de Carabineros. Es posible que fuera trasladado al campo de concentración de Albatera y posteriormente a diferentes centros de internamiento y reclusión.

Unos años después emigra a América Central, pasando a dirigir un negocio en el Salvador. En septiembre de 1959 formó parte de una expedición para escalar el volcán Izalco (El Salvador), consiguiendo el primer descenso a su cráter. Volvió a Barcelona en donde se estableció.

Escritor autodidacta, a parte de esta obra y “El día que se rindió el Seminario de Teruel” tiene publicadas “Tres días de marzo, tres días de abril” en donde narra los últimos días de la guerra, esta termina y empieza la represión, “Gris” historia de una fábrica de cemento y “El destino nunca pide perdón” odisea de unos colonos franceses en Argelia, poco antes de su independencia.

GRATITUDA todos cuantos, dando su nombre o en forma anónimas, me ayudaron en la confección de este libro, a tratar de aclarar interrogantes de nuestra guerra civil, que me ha tenido ocupado parcialmente durante diez largos años.
Todas mis vivencias en este libro no han sido producto de la memoria ni de los recuerdos, sino de una libreta que empecé a mediados de 1937, titulada “Memorias de guerra. Esta libreta la pude recuperar cuando volví de América, después de trabajar bastantes años en El Salvador.

dimecres, 28 de desembre del 2016

QUÈ ESTIC LLEGINT?

Bienvenido Mister Loach de Mario Ornat

Historia del rodaje de Tierra y libertad... o de cómo la revolución llegó a Mirambel



Tierra y Libertad, de Ken Loach, fue uno de los grandes hallazgos de 1995. Habla de la revolución social, de una guerra, de una tierra que aspira a un futuro mejor. Habla de sueños, de amor, de lucha y, por supuesto, de libertad. Loach eligió la bella localidad de Mirambel, en el Maestrazgo turolense, como principal escenario de este drama que nos sitúa en los dos primeros años de la guerra civil española. Durante casi dos meses, los vecinos de la comarca vivieron con entusiasmo una experiencia irrepetible.

dimarts, 31 de març del 2015

“LA GUERRA DE UN BLANDO” en Villarluengo. Enero de 1938

Artículo publicado en la revista PERIÓN. Març de 2015


 Joan Busquest i Rusiñol

Si nuestro anterior artículo finalizaba diciendo: “El Maestrazgo donde el silencio habla, donde el silencio se impuso”, en el presente nuestro objetivo será conseguir que el silencio nos hable. Para ello le damos la palabra a Joan Busquet i Rusinñol(1) que fue enfermero en la guerra civil a quien el destino llevo por pueblos del Maestrazgo y que a través de un diario personal a modo de Libro de Bitácora dejó escrita su experiencia por estas tierras turolenses.  

23 de enero de 1938
Adiós Castelló! Ayer por la noche, por fin, ha llegado el coche y de buena mañana ha cargado a los dos practicantes y se ha dirigido hacia el frente. El chofer, un hombre de mediana edad, se ha subido a la vieja carrocería y nos ha llevado montaña arriba, dibujando curvas y más curvas entre desfiladeros y carenas, y cuando era noche oscura nos ha dejado en Cantavieja, en donde había la plana mayor del batallón que se encontraba alojada en el antiguo palacio del general Cabrera(2), el histórico dirigente carlista.
No es un ningún hotel de cuatro estrellas, pero para comenzar mi estada en el frente en un palacio construido con mampostería de piedra picada me ha parecido un buen augurio. En el palacio no hay electricidad y unas sombras fantasmagóricas, por el uso de velas, son dibujadas en las viejas paredes de la de sala principal. El hogar encendido con buenos troncos calienta el ambiente.

Sentados en la larga mesa improvisada con cajas y bancos, llena de candelas producida por la cera, los asistentes nos han servido una buena cena rematado con un chupito de brandi de marca, trofeo de guerra de la conquista de Teruel.

De hecho, Teruel fue la única ciudad que recuperó el ejército de la República durante la guerra, y los jefes de BOF(3), que habían participado en la recuperación, estaban muy orgullosos. Y lo celebraban con el botín de coñac y las velas de cera que ciertamente lucían con todo el esplendor encima de la mesa con la cena que bienvenida que nos fue ofrecida.
La cosa que más me sorprendió – y que me dio más asco – fue la manera de servir el licor: una botella entera vaciada en una jarra de cristal que iba pasando de mano en mano para que todos hicieran un sorbo, comotratándose de una comunión sin distinción de la graduación militar, haciendo iguales al comandante en jefe y al sargento oficinista, que era el último de los suboficiales.

Yo miraba a aquellos que serían mis compañeros de fatigas y me sentía más aprendiz que nunca: todos eran mucho más mayores que yo, con 20 años recién cumplidos. Mis superiores eran ingenieros, arquitectos, aparejadores… Tenían la edad de mi padre y ninguno de ellos era militar de carrera: los galones no correspondían a la preparación militar para empeñar las armas y responder a los retos de una guerra, sino por su composición profesional en la vida civil. Los miraba bebiendo coñac, y si no fuera por el uniforme, habría asegurado que eran jefes y técnicos cualificados de una empresa de construcción que trataba a los trabajadores con respeto y cierto paternalismo.

El comandante en jefe es decía Berga y era un prestigioso ingeniero de Valencia que había diseñado en BOF(2) número nueve a su medida. El batallón disponía de unos cuantos camiones para las necesidades del transporte de material de construcción. Los camiones trasladaban a los soldados a primera línea de fuego cuando era necesario que realizaran una trinchera o un parapeto, y cuando clarecía del día trasladaban a los soldados trabajadores a diez o veinte kilómetros lejos de la vanguardia y de los peligros del fuego enemigo, para descansar. El comandante Berga me comentó en una ocasión que como sus soldados era hombres de pico y pala tenían que ir completamente desarmados. Cada compañía disponía de un fusil máuser y solo estaba permitido que los oficiales llevaran una pistola o revólver. Cuando me puse a dormir estaba convencido que formaba parte de una empresa civil camuflada de militar. 

Tadardo que todavía conserva
24 de enero de 1938
Esta mañana la intendencia me ha vestido de militar. Me ha dado un casco con la insignia de alférez, un tabardo, unos pantalones de montar, unas polainas que hacían juego con el par de botas y un grueso capote.
En el pecho me he colocado la cruz de Malta de los practicantes y me han llevado Fortanete, un pueblo vecino, para conocer al capitán médico, que será mi jefe dentro del cuerpo sanitario, ya que los otros oficiales son del cuerpo de ingenieros.
El capitán que era medico antes de Castelló antes de incorporarse al frente, me dio la bienvenida, me dijo que tenía un destino de lujo y me mostró un pequeño hospital militar(4) que solamente tenía seis camas y en ellas no había ningún enfermo ni herido, hospital instalado en medio de un pueblo de color de miel. Y por la tarde, después de conocer al capitán médico, me devolvieron a Villarluengo, en donde descansaba la segunda compañía del BOF, que era a la tenía asignada.


Posible ubicación del antiguo hospital de Fortanete y que sirvió de
 hospital de campaña tal y como lo cuenta Joan Busquet
25 de enero de 1938
Villarluengo en un pequeño pueblo del término (judicial) de Aliaga, situado al lado del rio Palomino, colocada encima de una zona rocosa, de casas juntas y calles estrechas, de fuertes subidas y bajadas y un mirador encarado hacia el abismo con un nombre acorde: el Balcón de los forasteros.

Jerárquicamente la segunda compañía estaba formada por el capitán Sánchez y el Teniente García y Boqueria, y el jefe de la oficina era al sargento Moixí. Me adjudicaron, como asistente, el soldado Modesto Bernat Gasc, de la población de Onda, en donde tenía mujer e hijos, y que, por la diferencia de edad, podía ser mi padre.

El primer problema con el que me encontré fue que una buena parte de los soldados tenía sarna. Esta es una enfermedad infecciosa y contagiosa de la piel, producida por un ácaro, el sarcoptes scabici, de 0,25 milímetros; la hembra realiza un túnel en el estado corneo de la piel mientras va poniendo entre cincuenta o sesenta huevos durante un periodo de dos meses. Estos huevos –de 150 micras- se va escampando por la piel, sobre todo en los espacios interdigitales de las manos, en los pliegos las muñecas y de los codos, en el ombligo y en la glándula mamaria. Es una enfermedad que produce mucho picor, sobre todo de noche, y que obliga a rascarse con obstinación, produciéndose lesiones que ayudan a propagarse por el resto del cuerpo y complicaciones asociadas a otros gérmenes habituales de la piel: las complicaciones impetiginosas (lesiones sobre infectadas).

Los soldados se iban contagiando la sarna por razones de tipo higiénico y, sobretodo, por el frio. Había días que el termómetro bajaba hasta los 25 grados bajo cero. El agua siempre estaba helada y el terrible frio, invitaba al contacto humano (para auto calentarse), de manera que se buscaba el calor del otro, propiciándose así el contagio.
Rio Palomita desde el Balcón de los Forasteros


Un día, en el Balcón de los Forasteros descubrí que en un tramo muy corto del rio Palomita el agua no se helaba, y al preguntar a los vecinos del pueblo por que se producía este fenómeno, me explicaron que era gracias a una fuente de agua caliente, con olor a azufre que nacía al lado de la ribera del rio. Así pues durante los días de mi estancia en Villarluengo bajábamos cada mañana al rio, hacía bañarse a los sarnosos, a continuación les hacía lavar la ropa sucia i contaminada y ponerse ropa limpia. La noche anterior habían dormido untados con pomada de Helmerich(5), hecha a base de azufre y carbonato de potasio. Y entre la pomada, y la fuente de agua caliente y sulfurosa pude iniciar el tratamiento para erradicar la sarna que, desgraciadamente, no pudo finalizarse.

En este pequeño pueblo de la provincia de Teruel fui testimonio de una experiencia  memorable. Una noche vimos como el cielo se teñía de color rojizo que iba cambiando de tono y subimos a un montículo para contemplar el espectáculo. Estábamos todos los que componíamos la Plana Mayor. En un primer momento pensamos que se trataba de un incendio que estaba arrasando medio Aragón, pero la persistencia del rojo cambiante en la vuelta del cielo nos hizo darnos cuenta de que se trataba de un fenómeno de otra naturaleza. Al cabo de unos cuantos días supe que habíamos contemplado una aurora borea(6). Años después, durante una estancia en Laponia durante el mes de agosto, esperaba cada noche poder contemplar una aurora boreal. Era el lugar adecuado y no lo pude conseguir, y pensé que me tendría que contentar con aquella vivida, intrigado, una noche, a Villarluengo, en plena guerra, en tierras muy alejadas del Cabo Norte.

28 de enero de 1938
Después  de la sorpresa y el asco que sentí por la manera comunitaria y poco higiénica de servir en coñac la noche que llegué a Cantavieja, hoy el cocinero nos ha hecho una paella al estilo de su país y también me ha parecido muy especial la manera de comerla: ha dejado el arroz encima de la mesa y los seis oficiales con graduación la hemos atacado directamente a cuchara pelada. A medida que íbamos comiendo el arroz, la paella se convertía en una estrella de seis puntas. Cuando todos los oficiales nos hemos hinchado, la estrella – ya un copo fría se la han comido los asistentes, sin miramientos y también cogiendo con la cuchara el trozo que les quedaba más cercana, a la manera comunitaria. Esta vez los oficiales nos la hemos comido caliente, y los asistentes, fría y contaminada.

Aquel día, por la noche, mientras cenábamos, vino el cartero y me hizo entrega de la primera carta de mi madre y un sobre grande que abrí delante de mis expectantes compañeros. Era un retrato de la Montserrat hecha por un retratista prestigioso de Barcelona que, gracias a los retoques, la mostraba bastante más guapa del que en realidad era. Todo el grupo me felicitó por mi novia y por la dedicatoria escrita a pie de foto. (…) la foto fue a parar al fondo de la maleta y posteriormente a manos de las fuerzas nacionalistas al cabo de cierto tiempo.

Unos días después tuve la suerte de conocer al médico del pueblo. Era relativamente joven y un verdadero científico, cosa que comprobé personalmente cuando, con júbilo, me enseñó su laboratorio, presidido por un, recién estrenado, microscopio binocular entre otros instrumentos, para poder realizar un excelente trabajo en las exploraciones analíticas.

Las semanas transcurrían sin cambios en aquella tierra casi olvidada, de clima frio en medio de una guerra caliente, cerca del frente de batalla. Y el 31 de enero la compañía fue destinada a Lidón, a tan solo cinco quilómetros del frente de batalla (…).

Busquet, en su diario vuelve a citar su estancia en Villarluengo(7): 
(…) Evocaré los días pasados en Villarluengo, todavía lejos del frente. Recordaré su situación, entre peñas, la vista magnífica del Peón de los Forasteros y aquel principio de amistad con el joven médico, de cuerpo y espíritu, que diagnosticaba científicamente, que poseía un microscopio y que en un rincón del mundo estudiaba para mejorar su situación y dar cabida a sus aspiraciones de sabiduría y conocimientos.

Joan Busquet continuó por tierras aragonesas durante unos meses más. Entre febrero y marzo de 1938 estuvo por las poblaciones de Mezquita de Jarque, Pobo, Escorihuela, Camarillas, Aliaga Ejulve, Allepuz y Monteagudo del Castillo. Su misión era la de ir construyendo fortificaciones. A finales de marzo se encontraron las cuatro compañías del BOF número 9 en Mora de Rubielos esperando un nuevo destino al que dirigirse. Así fueron subidos a un tren y conducidos hacia el Segre para fortificar el frente. No fue hasta enero de 1939 que no volvió a su casa natal. En ella esperó a que Terrassa fuera “liberada”, presentándose en ese momento ante las nuevas autoridades. Después de pasar por el Palacio de Justicia de Barcelona, para ser depurado´(8) y presentar los correspondientes avales pudo continuar con su carrera profesional.

Plano cartográfico de las poblaciones por donde estuvo Joan Busquets

Poco antes de escribir este artículo me dirigí a su domicilio para solicitarle su permiso para reproducir la parte del libro que hablaba de pueblos del Maestrazgo. En diciembre de 2009 tuve la oportunidad de conocerlo y de pasar una tarde de domingo en compañía de su esposa. Hablamos del libro, de las experiencias de la guerra. Me enseñó su biblioteca y el uniforme de teniente del “Ejército Rojo” que todavía conserva. Al finalizar la conversación, ambos, me acompañaron hasta la salida y después de dar un par de besos a su mujer, que según me confesó; “és lo que més agrada a una àvia” (“lo que más le gusta a una abuela es que sus nietos la besen”), me despedí de él con un apretón de manos hasta una próxima ocasión. Y hubo una próxima visita, en la que él ya no salió de la sala, a sus 97 años tiene problemas de movilidad pero a su favor continua conservando en su memoria los hechos que acontecieron en aquella época y los lugares por donde estuvo, de una manera detallada y fidedigna. Volvimos a hablar de Villarluengo, del Balcón de los Forasteros, del baño en agua sulfurosa… y los ojos le brillaban. Estaba reviviendo lo acontecido en estas duras tierras del Maestrazgo.

Joan es y será para mí una persona entrañable, que representa la generación que dejo su juventud en manos del destino y que ha hecho posible inmortalizar esta época tan representativa. Reseño a renglón seguido aquello que comenta Busquet y que bien representa la vuelta a la “normalidad” de tantos miles de jóvenes una vez finalizada la guerra.

(...) Era hora dels retrobaments i de les absències. De recuperar els vells amics i de comptar els que havien mort, d’un costat i de l’altre, durant la guerra. Era hora de recordar els valents que havien donat la vida en defensa d’uns ideals i de fer la llista dels que havíem quedat i ara havíem d’aprendre a conviure amb els vencedors estufats i envanits: els covards, els emboscats, els enxufats, els amagats i enterrats vius, i els tebis del bàndol “rojo separatista” entre els que em comptava.

Era hora de los reencuentros y de las ausencias. De recuperar los viejos amigos y de contar aquellos que habían muerto, de un bando y del otro, durante la guerra. Era hora de recordar a los valientes que habían dado la vida por la defensa de unos ideales y de hacer la lista de los que habían quedado y ahora habíamos de aprender a convivir con los vencedores engalanados e engreídos;  los cobardes, los emboscados, los enchufados, los escondidos y enterrados vivos, y los blandos del bando “rojo separatista” entre los que me encontraba.

El Maestrazgo, donde el silencio habla, donde el silencio se impuso, donde el silencio se va escuchando.


Portada del libro
Notas:
0- Traducción al castellano de “LA GUERRA D’UN TEBI”, de Joan Busquet i Rusiñol, Fundació Torre del Palau, Terrassa, 2007.

1- Joan Busquet nació en Terrassa (Barcelona) el 27 de agosto de 1917. Cursó estudios de practicante, y posteriormente de Medicina en la Universitat Autònoma de Barcelona. Inicialmente se especializó en cirugía vascular, después a la medicina general, de empresa y de accidentes de trabajo y también la geriátrica. Ha publicado diversos artículos en revistas especializadas de temática médica, así como la impartición de conferencias sobre su trabajo como médico durante cerca de 50 años.
Ha publicado diversos libros; Isil, el crit del sileci, Memòries d’un amnèsic y  Memòries d’un amnèsic 2 y este que presentamos, La guerra d’un tebi, diario personal de las vivencias (pág. 75-78) de Joan Busquet durante la Guerra Civil que como practicante le toco servir de enfermero en el Batallón de Fortificaciones número 9 del Ejército Popular de la República, Como a tantos miles de jóvenes la sublevación de julio de 1936 truncó su vida. La de un estudiante de medicina de 18 años, católico y miembro de la Federació de Joves Cristians de Catalunya (FJC), movimiento juvenil católico que fue perseguido por la derecha por sus ideas nacionalistas como por los elementos incontrolados de la retaguarda gubernamental, por su base cristiana y católica. Buena parte de los que se quedaron en Catalunya al inicio de la guerra fueron perseguidos y muchos de ellos fusilados (les dieron el paseo), otros lucharon en el ejército republicano.

3- Los Batallones de Obras y Fortificaciones, como comenta Joan Busquet, se crearon durante la guerra, y probablemente, por dos motivos: primero, para la construcción de trincheras y puestos de defensa por razones militares, y segundo, para dar trabajo a los trabajadores de la construcción. Los paletas y manobras estaban en paro y la única salida laboral que tenían era hacerse voluntarios de los BOF. De hecho, los jóvenes se incorporaban al ejército por idealismo o por quintas. En cambio, los soldados del BOF eran adultos que no tenían trabajo, muchos eran casados y con cargas familiares, y que veían en las unidades de fortificaciones el medio de subsistencia. Cobraban 300 pesetas cada mes y la mayoría lo enviaban a casa para mantener a la familia. Sus únicas armas eran el pico y la pala, y el cemento armado para la construcción de fortines, búnqueres y nidos para ametralladoras. Su trabajo se realizaba principalmente de noche para evitar ser descubiertos por los observadores o por la aviación franquista “pavas” que vigilaban desde el cielo la zona republicana.

4- En Fortanete existía un hospital desde muy antiguo. El edificio estuvo en ruinas ya que, según cuenta la gente mayor, el ayuntamiento lo derribó pare vender la madera. Posteriormente en el solar que ocupaba dicho hospital se ha edificado una vivienda particular.

5- La  Pomada Helmerich es un producto farmacéutico de uso externo sobre la piel y se utiliza como un antiparasitario débil y el tratamiento de la sarna. En la revista La Abeja Médica, tomo IV, Barcelona, 1850, se indica cómo hacer esta pomada: Azufre sublimado, pasado por un tamiz de seda muy fina, 200 partes; Carbonato de potasa, 100 partes; Agua, 50 partes y Enjundia, 800 partes (que puede ser grasa de cerdo o manteca). Se disuelve el carbonato de potasa en el agua, se filtra el líquido y se mezcla con la enjundia al mismo tiempo que el azufre.
En El Monitor de la Salud de las Familias, tomo segundo, Madrid, 1859, se describe cómo usar esta pomada: 1º Fricción general, por espacio de media hora, con jabón blando, para limpiar bien el cuerpo. 2º Un baño general tibio, de media hora cepillándose al mismo tiempo la piel para acabar de limpiarla y reblandecerla, y 3ª Otra fricción general, de media hora, con la pomada de Helmerich.
Y en Tratado Completo de Patología Interna, tomo tercero, Madrid, 1870, dice que lo más que se tarda en curarse la sarna es de ocho a quince días, y que, desempeña asimismo gran papel en el tratamiento rápido de la sarna.
Desconozco si Joan Busquet utilizaba este producto comercializado o era fabricado por él o per joven médico del que hace referencia. Actualmente este producto es fabricado por el Laboratorio Crespal de La Paz, Bolivia.
La información de la POMADA DE HELMERICH,  ha sido facilitada por el profesor Antonio Ramos Carrillo, Director del Museo de Historia de la Farmacia de la Universidad de Sevilla.

6- Una aurora boreal o aurora polar es un fenómeno óptico consistente en un resplandor observado en el cielo nocturno de las regiones próximas a las zonas polares, a causa del impacto de partículas de viento solar contra en campo magnético de la tierra. Este espectáculo fue visionado desde otros lugares del país. Así lo describe Manuel Tagüeña, licenciado en Ciencias Físico-Matemáticas, militar de carrera que llegó a la graduación de Teniente Coronel del Ejército de la República, en sus memorias autobiográficas en Testimonio de dos guerras, y que pudo observarla desde su puesto de mando:
 (...) La noche del 23 al 24 de enero hubo alarma en nuestros acantonamientos al ver el cielo enrojecido. Creíamos que había incendios hacía Somosierra, pero se trataba de un aurora boreal que se observó en toda Europa.
José Llordés, soldado de reemplazo que dejó escrito su experiencia en la guerra en Al dejar el fusil, Memoria de un soldado raso en la guerra de España, sitúa este acontecimiento en el miércoles 26 de enero de 1938:
(…) Mientras contemplábamos aquel espectáculo, entrando y saliendo de las chabolas no nos dimos cuenta de que cinco de nuestros soldados se “pasaron” a los rojos, tranquilamente, sin miedo de que les descubrieran.
José Llordés se encontraba en trincheras opuestas a Joan Busquets o Manuel Tagüeña

7- J. Busquet, en La guerra d’un tebi, (cit) p 89. Anteriormente en la página 71 aparece el nombre de Cantavieja en una conversa mantenida en Castelló con el teniente pagador. Este le comenta que en la población (Cantavieja) se encuentra descansando la comandancia del batallón, que se acopie de ropa de abrigo por las bajísimas temperaturas que existen. Que - también está el servicio de intendencia: cuando llegue le darán el uniforme, el capote y las botas. Pero necesitará ropa interior que abrigue. Piense que algunos soldados han tenido congelaciones importantes. (…) Mientras explicaba con todo detalle la victoria militar, a mí se me iban congelando las ilusiones en imaginarme no un batallón destinado a fortificar la costa mediterránea, sino una unidad perdida en medio del frio entre las montañas de Teruel.
También, en la página 82, Cristina, la madre de Joan Busquet, en una carta que le envía al frente el 4 de febrero de 1938, hace mención al pueblo de Villarluengo.

8- En la web del PARES (Portal de archivos Españoles) del Ministerio de Cultura describe claramente lo que significó la depuración.  “La dictadura franquista vertebró su régimen represor mediante la promulgación de leyes especiales con un objetivo bien claro: continuar, ya durante la larga posguerra, la persecución de los contrarios o desafectos al Nuevo Estado, mediante incautaciones de bienes, sanciones económicas, reclusión, y si procedía, la eliminación física. La construcción jurídica de la represión política que siguió a las eliminaciones selectivas e indiscriminadas de los primeros momentos de la sublevación, se materializó por parte de los vencedores en un entramado institucional especializado y coordinado, para castigar y doblegar a los denominados enemigos de España, como los Consejos Guerra, la Ley de Depuración de Empleados Públicos, las Juntas de Incautación de Bienes, el Tribunal Especial contra la Masonería y el Comunismo, los Tribunales de Responsabilidades Políticas y, más cercano en el tiempo, el Tribunal de Orden Público” (http://pares.mcu.es/victimasGCFPortal).