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dissabte, 27 de febrer del 2016

AL SOLDADO DESCONOCIDO

[...] No hubo ningún soldado en Mirambel, excepto uno a quien mataron sus compañeros al salir del Mas de Dientes; como estaba el cadáver en nuestra masía, lo enterró mi padre en un bancal,  y por no llevar ninguna documentación, fue una más de la víctimas anónimas1.

Este hecho se produjo a finales de abril o principios del mes de mayo de 1938, cuando las tropas del Ejército Popular de la República se retiraban del Maestrazgo dirección hacia Levante debido a la envestida hecha por el ejército franquista en el Frente de Teruel y como de punto de partida en Morella se dirigían hacia estas altas tierras del Sistema Ibérico.
Vista general del Mas de Dientes. En alguno de estos campos cercanos a la masía fue muerto y enterrado “el soldado desconocido”
Mayo de 1938
Muere José Buj Palomo por herida de bala. Se encontraba en algún lugar del frente de Valencia. En el informe elaborado por la Guardia Civil de Cantavieja, el 12 de abril de 1943, indican que fue José Buj fue fusilado en El Coro – El Coso2 (zona de Castellón) debido a la denuncia recibida por un vecino de Mirambel por sus ideas derechistas. Habiendo de excavar el mismo su tumba. La ejecución se realizó el sábado 7 de mayo.

Informe de Guardia Civil de Cantavieja, indicando la muerte de José Buj Palomo. AHN. FC-CAUSA_GENERAL, 1418.Exp.1
Agosto de 2010
Es un viernes 13, la mañana es fresca, los termómetros han bajado más de 7 grados y es necesario llevar un jersey encima. Paso por la plaza del ayuntamiento y veo a la Abuela Dolores sentada en el pedrisco de la muralla. Desde este sitio se divisa, aparte de la plaza, la fuente alta y la ermita de San Roque. Es el día que la Asociación Cultural ha organizado trabajos de conservación y limpieza de esta ermita y de la iglesia mayor. Me dirijo hacia la Abuela Dolores, que es como la conozco, y al pasar por delante de la iglesia veo a un grupo reducido de personas realizando trabajos de mantenimiento y conservación de los bancos de la iglesia, de la nave y la sacristía.

Ya que las puertas de iglesia de Santa Margarita están abiertas del todo, la amplitud de obertura permite que la claridad de la mañana se cuele por el edificio aprovecho para buscar, entre sus paredes, indicios que durante la guerra civil sirviera como almacén de la colectividad. Encontrando anotaciones que bien pudieran ser de esta época. Las fotografío, salgo del edificio y me dirijo hacia el pedrisco.

Después del correspondiente saludo me siento al lado de la Abuela Dolores y le explico el trabajo de recopilación de información referente a la guerra y de la muerte de un soldado en manos de sus compañeros tal y como describe José Altaba en su libro.

Evidentemente, y como es de suponer, sus vivencias de aquel día no las explica desde un principio y después de dar varios rodeos sobre otros temas le pregunto directamente sobre este hecho.

- Dolores, en su día me comentaron que mataron a un soldado en su masía. Y que usted sabe lo que ocurrió y en donde se encuentra enterrado… ¿Qué me puede o quiere  explica lo ocurrido?

Después de un periodo corto de vacilación, comienza a relatar los hechos.

- Llego una brigada y unos fueros hacia un lado y uno solo se fue para el otro lado. Entonces todos estos lo buscaron hasta que fue encontrado. Lo metieron dentro en el comedor y me dijeron que marchar si no quería ir por delante como él. Oí que el comandante (o sargento) le decía que lo mataría. Desde una ventana de la habitación de arriba vi como lo sacaban con las manos atadas a la espalda dirección al bancal de abajo, y al cabo de poco, los disparos. Lo habían fusilado. No quise saber dónde estaba el muerto. El chico no era muy joven debería tener 25 o 30 años y era de Madrid. Un masovero del Mas de Gazulla, que con su mulo carreaba munición le hicieron volver los militares para enterrarlo. No quise saber dónde estaba y les dije que lo enterraran donde quisieran que no quería saber nada.

- Pero Luis… no te diré nada y si me preguntas en donde está enterrado, te diré que no se nada, que no se nada. No quiero que se sepa… porque vendrá gente de fuera y harán muchas preguntas, como ocurrió allá riba.

Creo que la abuela Dolores se refiere, a la fosa localizada en la sierra de Gúdar, con los cuerpos de 11 vecinos de la comarca, detenidos por la Guardia Civil y más tarde asesinados en la masía de Los Olmos, a primeros de octubre de 19473, en plena represión contra los maquis por parte del general Manuel Pizarro.

De la conversación tengo la convicción que la abuela Dolores sabe más de lo dice y detalles como la edad o el lugar de procedencia es bastante significativo. Pero tengo la obligación de respetar su silencio. Sabe dónde se encuentra enterrado y no quiere encontrase, como ocurrió en el pueblo de Gúdar, que el descubrimiento de la fosa conmovió la tranquilidad del lugar.

La muerte de “El soldado desconocido” ocurrió en el mas del Peral o de Dientes (según quien lo nombre) siendo muy común a otros casos en época de guerra: la deserción de soldados, el consecuente juicio sumarísimo y la ejecución inmediata.

Anteriormente a la charla con la Abuela Dolores, ya sabía por otra fuente oral, que en el entierro del soldado participaron tres hombres. Miguel Altaba (Mas de Gorreta), Miguel Soler (Masía del Cabezo) y un jornalero de la Iglesuela del Cid que trabajaba en la masía del Cabezo llamado también Miguel y por lo que comentó la abuela Dolores había una cuarta persona, el masovero del mas de Gazulla.

Agosto de 2011
En verano de este año realizamos una excursión, siguiendo el PR-TE 864 llegando hasta el collado Masico del Cabezo. Parte del grupo nos separamos, ya que en este venia un pariente cercano a la Abuela Dolores y al comentarle el tema del soldado muerto en la masía quiso enseñarnos la ubicación de Mas de Dientes y el lugar por donde podría estar enterrado. Había oído hablar que en cierta ocasión los aparejos de labranza habían sacado a luz restos de las ropas del soldado. Indicó por donde podía estar sepultado, pero sin afirmarlo rotundamente.

Agosto de 2015
Hemos estado visitando las playas de Normandía, en Francia. Donde el 6 de junio de 1944 se le conoce como el Día D. Las fuerzas aliadas enviaron a más de 150.000 soldados a estas playas francesas para liberar a Europa del Nacismo.

Por el territorio quedan muchísimos vestigios militares de este episodio bélico de la II Guerra Mundial, convertidos en espacios musealizados. Y entre ellos los cementerios, en donde reposan los restos de miles de jóvenes que murieron durante esos días. Un silencio rodea las extensiones de cruces y monolitos funerarios con los nombres de los soldados enterrados.

Me llamó la atención en el cementerio Alemán como en de los norteamericanos diversas reseñas de indicaban: EIN DEUTSCHER SOLDAT o HERE REST IN HONORED GLORY A COMRADE IN ARMS KNOWN BUT TO GOD.

Placa identificativa de un soldado alemán de 19 años junto a otro EIN DESUTSCHER SOLDAT (Un soldado alemán) Cementerio Alemán de La Cambe, Normandía.
Cementerio Americano de Normandía en Colleville-sur-Mer.
Cruz de mármol con la inscripción HERE REST IN HONORED GLORY A COMRADE IN ARMS KNOWN BUT TO GOD (Aquí descansa en la gloria del honor. Un compañero de armas. Solo Dios conoce su nombre).
Octubre de 2015
Mientras recopilaba la información para este artículo, un compañero de inquietudes y afición me proporcionó vía WhatsApp, unas primeras imágenes de la exhumación de los restos de dos Brigadistas Internacionales5, localizados cerca de Caspe, en una fosa situada por la zona del antiguo puente de Masatrigos y cota 238.

La Asociación Bajoaragonesa de Agitación y Propaganda ha sido la encargada de realizar la recuperación de estos cadáveres, que finalmente han sido tres.

Una vez realizada todo el estudio que conlleva el proyecto de recuperación y dignificación, los cuerpos serán depositados en cajas y cubiertos con la bandera republicana, en una zona habilitada para este fin en el mismo cementerio de Caspe.

Una de las fotografías facilitadas por WhatsApp, en la que se aprecia los trabajos de exhumación de los brigadistas (fotografía propiedad de bajoaragonesa.org).
Noviembre de 2015
La información oral continúa siendo muy valiosa en la narración de los hechos ocurridos en Mirambel durante la Guerra Civil, pero como he podido comprobar con vecinos de este pueblo, que cuando no se quiere recordar, si algo se sabe y no se quiere decir, con un simple No me acuerdo dan por respuesta a las preguntas formuladas.

A principios de año solo quedaba la Abuela Dolores como única testigo de los hechos. El pasado mes de junio falleció a la edad de 102 años y con ella más un siglo de vivencias. Tengamos sus recuerdos vivos para que perduren indefinidamente.

Tanto los soldados de Normandía, en su día, como los de Caspe en un futuro no muy lejano pasaran a ser Ein deutscher soldat o Known but to god. El del Mas de Dientes, será y continuará siendo un “soldado desconocido”


Anotaciones a pie de página
1 José Altaba Escorihuela. Mirambel, una joya entre murallas (pág. 144).
2 El informe de la Guardia Civil no se aprecia bien el nombre del lugar. Podría tratarse del Coso, Topónimo ubicado por la provincia d’Alacant o en el término municipal de Mora de Rubielos. Si se supiera a que unidad militar pertenecía habría la posibilidad de conocer donde fue ejecutado. Y si esta fue cuando la unidad estaba en retaguardia, con mucha probabilidad, se produjo en el cementerio del pueblo más cercano en donde estaba los jefes militares.
3 El 29 de septiembre de 1947, un grupo de guerrilleros del AGLA atacó el pueblo de Gúdar haciendo una matanza de 8 vecinos de esta. Al día siguiente la Guardia Civil detuvo a 11 personas de Gúdar. El día 1 de octubre fueron trasladados a una casa junta a la ermita de la Virgen de la Vega, en Alcalá de la Selva. También 6 vecinos de Montoro de Mezquita y 5 de Aliaga, que se encontraban detenidos en la cárcel de esta última población fueron trasladados a la misma casa. En ella se encontraban 22 detenidos. Después de ser torturados fueron separados en dos grupos según procedencia. Los de Gúdar fueron ejecutados en Barranco del Arco, en Mora de Rubielos, a los detenidos procedentes de Aliaga, en la masía de Los Olmos, en Alcalá de la Selva (cap. 16, Maquis: una historia falseada).

En noviembre de 2006 recuperaron los cuerpos de estos 11 hombres. Dándoles digna sepultura en el cementerio de Gúdar. En la página de la Asociación Los Pozos de Caudé:  http://www.nodo50.org/pozosdecaude/fotografias.htm se puede ver fotografías de la exhumación.
4 El itinerario se puede encontrar en el PEIRÓN número 23 (2013), pág. 56-57.
5 Es como se denominaba a aquellos soldados voluntarios extranjeros que estaban englobados en el Ejército Popular y en el caso de Caspe pertenecían, posiblemente a soldados de la 45 División Republicana, Brigadas XII o XIV, Marsellesa o Garibaldiana. La noticia ha sido publicada en La Comarca, el viernes 2 de octubre de 2015. Más información en http://www.bajoaragonesa.org/elagitador/.

Fuentes documentales
- José Altaba Escorihuela. Mirambel, una joya entre muralla.
- José Ramon Sanchis Alonso. Maquis: una historia falseada. La Agrupación Guerrillera de Levante. Zaragoza 2007
- PARES, Portal de Archivos Españoles - Archivo Histórico Nacional.
http://pares.mcu.es/ - FC-CAUSA_GENERAL, 1418.Exp.1 (Páginas 15, 16 y 35)

diumenge, 10 de gener del 2016

FRANCISCO BUJ PASTOR

Incorporación del quinto Francisco Buj, al frente extremeño desde Alcañiz (Teruel), junio de 1937

Publicado el  por Fernando Barrero Arzac -  fbarreroarzac.wordpress.com - Fotografías de Paco Buj (hijo) y de Fernando Barrero


Esta pequeña historia de un soldado de las quintas que presentamos, engarzará con la primera acción de armas en la que se vio involucrada la 109ª Brigada Mixta sobre los campos extremeños y que ya hemos narrado en días anteriores. Además nos mostrará el recorrido que debían atravesar los soldados republicanos que se incorporaban al frente desde las poblaciones donde les concentraban, en este caso, desde Alcañiz (Teruel).

Las vicisitudes que conducen esta corta introducción, son los hechos narrados en las memorias inéditas del escribiente de las compañías del 436 Bon, el turolense de Mirambel Francisco Buj Pastor[1]. Sus descripciones van a llenar de dramática plasticidad los sucesos reales trasladados a este espacio. Era maestro en Allepuz (Teruel), otro pueblo próximo a su lugar de origen.


Francisco Buj Pastor, escribiente de las compañías del 436º Batallón.
Y a pesar de que a Francisco en julio de 1936 hacía seis meses que le habían licenciado como escribiente de la unidad de Pontoneros de Zaragoza, en la primavera de 1937 le conminan a presentarse nuevamente en la Caja de reclutas de Alcañiz (Teruel); allí por lo visto, algunos miembros de una columna de la CNT-FAI intentan integrarlo en sus milicias junto a otros nuevos soldados, pero escudándose en que “el llamamiento del Gobierno es tajante y a él nos debemos” es incluido en la lista de embarque que en la orden se le había designado, para dirigirse a la unidad que le había correspondido junto con tres combatientes más.

Se trasladan en tren hasta Alcázar de San Juan (Ciudad Real), y cuando llegan coinciden con bombardeos sobre los depósitos de CAMPSA de la ciudad. Continúan su viaje y por fín llegan a Extremadura y, en la Comandancia de Cabeza de Buey (Badajoz), les dicen que su brigada ya está actuando en el frente. Durante su estancia coinciden con un nuevo bombardeo de aviones Junkers enemigos en el pueblo. Desde el mismo, otra vez en tren, llegan hasta Quintana de la Serena (Badajoz). Se presentan en el ayuntamiento para recibir su alojamiento. Francisco tiene dañado un pie que le imposibilita hasta para poder caminar, es curado, y se repone durante tres días en casa de la familia donde reside. En cuanto estuvo mejor, anduvo solo en dirección a su destino.

Cuando a mediados de junio de 1937 “aprieta ya el calor de la mañana por estos lares”[2], tiene conocimiento de que una ambulancia parte hacia Higuera de la Serena (Badajoz) con heridos, y pregunta a dónde los llevan, y si pertenecen a su brigada; le indican que “son de la 63ª B.M. La tuya está más a la derecha de la sierra”, le responden. A la derecha de la dirección Quintana de la Serena-Higuera de la Serena se encuentra la población de Zalamea de la Serena. Oye hablar acerca de morterazos, artillería y tableteo de ametralladoras en la zona donde se tiene que presentar. “Un comisario me indica que las compañías en depósito adonde me dirijo están en un vivac cerca de la carretera, como a dos leguas”[3]. Le insta a presentarse urgentemente, y Francisco aún no restablecido del todo, cruza trigales, toma atajos… hasta que llega a su destino. Allí se encuentra bajo unas encinas con soldados anarquistas, y a uno que duerme, lo despierta y le pregunta:”-¿Sois de las compañías en Depósito? -Sí, contesta malhumorado”. Resulta ser un primo suyo llamado Esteban Albero, de Villalba (Teruel). Este, además, le dice:
“- Mira, Paco; aquí somos todos de Aragón. Hay quintos de Cuevas Labradas, Tortajada, Caspe, Alcañiz y de muchos pueblos más”.

Había llegado a su puesto en el frente, “nuestras compañías en Depósito, de la 109ª B.M.”. La brigada tenía acondicionado un vivac donde reunía a los nuevos reclutas para ejercitarles, durante una temporada, en la instrucción militar. Para este cometido eran destinados también jefes y oficiales que se encargaban de formarlos. Así por ejemplo el día 9 de junio, marchaba desde el pueblo de Mengabril (Badajoz), donde se encontraba de guarnición el 433º Bon, el teniente de la 4ª Cia, Ernesto Gomar Cairols, a la Plana Mayor de la Brigada en Zalamea de la Serena como instructor. Y el día 28 de junio, el mayor jefe del 436º Bon, Roberto Cereceda, después de los combates durante los días anteriores en la Sierra de los Argallanes, cerca de Higuera de la Serena, cesa al mando del mismo, que se encontraba en Malpartida de la Serena, para marcharse y ocupar el puesto como Inspector de reclutas, en el mismo vivac de Zalamea de la Serena, ya que, como le había indicado el comisario a Francisco Buj, precisamente, dicha población, se encontraba a dos leguas, y, además, anteriormente, entre los días 4 y 10 de junio, ya había estado vivaqueando con su unidad el mayor Cereceda.

Puesto de mando del 426 batallón de la 109 BM. Francisco Buj sentado delante de una máquina de escribir. El hombre más alto, con chaqueta oscura, Pedro Pérez Cano, sargento del Ejército Popular (fotografía de Luis Pérez Gallego)
Primera escaramuza
Poco después de su llegada a la compañía de Depósito, ese mismo día:
“Se hizo la hora de la comida. No pudieron darnos plato ni cuchara; muchos estábamos sin ello, temporalmente. Un trozo de cántaro, tirado al lado de una alberca próxima, hizo las veces para albergar un cazazo de arroz compacto. ¿La cuchara? El  amigo Marcos, de Cuevas Labradas, me fabricó una en un santiamén, de la corteza de la encina, a punta de su navaja, que compró en la estación de Albacete, dijo, pa lo que sea menester.
Buenísima la carne asada; aunque dura, dimos buena cuenta de ella; no quedó otra tanta para cenar.
– El ganáu d´aquí no es como el de nuestra tierra, se excusó Marcos. Además, sólo nos quiso vender el pastor una modorra.
Yo pensaba en el amigo miedoso. No le preocupaba ya nada.
Se hizo la hora de la instrucción. El sargento Gabaldón, de Cieza él, me incorporó a la formación; malditas las ganas que yo tenía de hacerla; el pie aún me dolía algo.

-¡¡Cuerpo a tierra!! Un caza ametrallando el vivac me recordó con más clarividencia al amigo caído para siempre y, arrastrándome hasta la encina próxima, esquivé, durante el cuarto de hora que duró su heroica misión, esquivé las ráfagas colocándome de pie detrás del árbol y dando vueltas a su tronco, al abrigo de las balas. ¡¡Buena instrucción!!”[4].

Esta acción de guerra con la que se encuentra nada más llegar al vivac, se circunscribe en la serie de combates que han sido descritos en los posts anteriores, y que tuvieron lugar en la Sierra de los Argallanes y, por lo tanto, el recluta Francisco tuvo que llegar al vivac después del día 12 de junio pero antes del 20, cuando ya habían acabado los combates.

[1] Buj Pastor, Francisco. Memorias de la Guerra Civil (1936-1939). Terrassa, 1980. Inédita. El acceso a largos párrafos de las mismas ha sido posible gracias a la labor de su hijo Francisco Buj Vallés, al cual agradecemos la labor de búsqueda de los datos que llenan este trabajo.
[2] Buj Pastor, Francisco. Memorias de la Guerra Civil (1936-1939). Terrassa, 1980; p.8.
[3] Buj Pastor, Francisco. Memorias de la Guerra Civil (1936-1939). Terrassa, 1980.
[4] Buj Pastor, Francisco. Memorias de la Guerra Civil (1936-1939). Terrassa, 1980; p. 10.

Francisco Buj (soldado sentado). Fue el escribiente del 426 batallón de la 109 Brigada Mixta. A su derecha con un maletín debajo del brazo Andrés Barrero, comisario delegado (abuelo de Fernando Barrero Arzac), autor de este artículo. 

divendres, 25 de desembre del 2015

Y NAVEGANDO DE NUEVO POR INTERNET…

Dos fotografías de La Iglesuela del Cid, de 1937 y en la actualidad. En la fachada del Ayuntamiento ondea la bandera republicana.



Fotografías extraídas de: Vestigios de la guerra civil en Teruel (Facebook)

dilluns, 18 de maig del 2015

LOS AMANTES DE MIRAMBEL


En el número 18 de PEIRÓN bajo el título de MIRAMBEL, septiembre de 1928*, Francisco Monpesar nos relata un episodio ocurrido en Mirambel sobre la muerte de dos jóvenes por amor:
En el pueblo de Mirambel, el joven Julián García Palomo mató de un tiro a su novia Pilar Monfort. Luego se suicidó”.
Son pues Los amantes de Mirambel.

A 4 km en la carretera que une Mirambel con Cantavieja y después de unas sinuosas dobles curvas en subida, en la recta desde donde se divisa perfectamente San Martín, tocando a la cuneta y asentada sobre sedimentos convertidos en piedra, encontramos una pequeña capilla de 3x3 metros, tejada a dos aguas. para acceder a ella, hay que subir 5 peldaños de piedra, algunos construidos en el mismo sedimento pétreo, que nos conducen a la puerta de acceso a esta.

En mi época de zagal y durante el periodo vacacional le denominábamos la recta de San Martín. Era un punto de referencia en las salidas con bicicletas. Aquellas Orbea o BH con el cuadro de hierro, como toda ella, sin cambio de marchas, enfilábamos dirección a Cantavieja y después de padecer la subida hasta este objetivo, que para nosotros era nuestro particular Tourmalet, emprendíamos una bajada vertiginosa y peligrosa al mismo tiempo, de vuelta al pueblo.

Encima del dintel de la puerta, enmarcada en una ventana ciega, hay una placa que dice:

A LA MEMORIA DE PILAR PALOMO MONFORT

HIJA DE RAFAEL Y DE ROSA, QUE FUE ASESINADA

CON ARMA DE FUEGO EN LAS TIERRAS DE

MAS DE RAFAEL, EL 8 DE SEPBRE DE 1928

A LOS 20 AÑOS DE EDAD

RECUERDO DE SUS PADRES Y HEMANOS

La ermita fue construida por sus familiares para el recuerdo perpetuo del lamentable suceso.

Pilar Monfort fue enterrada en el cementerio católico del municipio y Julián Gracia en el civil. Un pequeño habitáculo sin techar anexo a la capilla del Santísimo. El lugar dónde reposaban los restos de las mujeres y a los hombres que no habían muerto cristianamente.



*Publicat en aquest mateix bloc el 28 s’abril de 2014

dimarts, 31 de març del 2015

“LA GUERRA DE UN BLANDO” en Villarluengo. Enero de 1938

Artículo publicado en la revista PERIÓN. Març de 2015


 Joan Busquest i Rusiñol

Si nuestro anterior artículo finalizaba diciendo: “El Maestrazgo donde el silencio habla, donde el silencio se impuso”, en el presente nuestro objetivo será conseguir que el silencio nos hable. Para ello le damos la palabra a Joan Busquet i Rusinñol(1) que fue enfermero en la guerra civil a quien el destino llevo por pueblos del Maestrazgo y que a través de un diario personal a modo de Libro de Bitácora dejó escrita su experiencia por estas tierras turolenses.  

23 de enero de 1938
Adiós Castelló! Ayer por la noche, por fin, ha llegado el coche y de buena mañana ha cargado a los dos practicantes y se ha dirigido hacia el frente. El chofer, un hombre de mediana edad, se ha subido a la vieja carrocería y nos ha llevado montaña arriba, dibujando curvas y más curvas entre desfiladeros y carenas, y cuando era noche oscura nos ha dejado en Cantavieja, en donde había la plana mayor del batallón que se encontraba alojada en el antiguo palacio del general Cabrera(2), el histórico dirigente carlista.
No es un ningún hotel de cuatro estrellas, pero para comenzar mi estada en el frente en un palacio construido con mampostería de piedra picada me ha parecido un buen augurio. En el palacio no hay electricidad y unas sombras fantasmagóricas, por el uso de velas, son dibujadas en las viejas paredes de la de sala principal. El hogar encendido con buenos troncos calienta el ambiente.

Sentados en la larga mesa improvisada con cajas y bancos, llena de candelas producida por la cera, los asistentes nos han servido una buena cena rematado con un chupito de brandi de marca, trofeo de guerra de la conquista de Teruel.

De hecho, Teruel fue la única ciudad que recuperó el ejército de la República durante la guerra, y los jefes de BOF(3), que habían participado en la recuperación, estaban muy orgullosos. Y lo celebraban con el botín de coñac y las velas de cera que ciertamente lucían con todo el esplendor encima de la mesa con la cena que bienvenida que nos fue ofrecida.
La cosa que más me sorprendió – y que me dio más asco – fue la manera de servir el licor: una botella entera vaciada en una jarra de cristal que iba pasando de mano en mano para que todos hicieran un sorbo, comotratándose de una comunión sin distinción de la graduación militar, haciendo iguales al comandante en jefe y al sargento oficinista, que era el último de los suboficiales.

Yo miraba a aquellos que serían mis compañeros de fatigas y me sentía más aprendiz que nunca: todos eran mucho más mayores que yo, con 20 años recién cumplidos. Mis superiores eran ingenieros, arquitectos, aparejadores… Tenían la edad de mi padre y ninguno de ellos era militar de carrera: los galones no correspondían a la preparación militar para empeñar las armas y responder a los retos de una guerra, sino por su composición profesional en la vida civil. Los miraba bebiendo coñac, y si no fuera por el uniforme, habría asegurado que eran jefes y técnicos cualificados de una empresa de construcción que trataba a los trabajadores con respeto y cierto paternalismo.

El comandante en jefe es decía Berga y era un prestigioso ingeniero de Valencia que había diseñado en BOF(2) número nueve a su medida. El batallón disponía de unos cuantos camiones para las necesidades del transporte de material de construcción. Los camiones trasladaban a los soldados a primera línea de fuego cuando era necesario que realizaran una trinchera o un parapeto, y cuando clarecía del día trasladaban a los soldados trabajadores a diez o veinte kilómetros lejos de la vanguardia y de los peligros del fuego enemigo, para descansar. El comandante Berga me comentó en una ocasión que como sus soldados era hombres de pico y pala tenían que ir completamente desarmados. Cada compañía disponía de un fusil máuser y solo estaba permitido que los oficiales llevaran una pistola o revólver. Cuando me puse a dormir estaba convencido que formaba parte de una empresa civil camuflada de militar. 

Tadardo que todavía conserva
24 de enero de 1938
Esta mañana la intendencia me ha vestido de militar. Me ha dado un casco con la insignia de alférez, un tabardo, unos pantalones de montar, unas polainas que hacían juego con el par de botas y un grueso capote.
En el pecho me he colocado la cruz de Malta de los practicantes y me han llevado Fortanete, un pueblo vecino, para conocer al capitán médico, que será mi jefe dentro del cuerpo sanitario, ya que los otros oficiales son del cuerpo de ingenieros.
El capitán que era medico antes de Castelló antes de incorporarse al frente, me dio la bienvenida, me dijo que tenía un destino de lujo y me mostró un pequeño hospital militar(4) que solamente tenía seis camas y en ellas no había ningún enfermo ni herido, hospital instalado en medio de un pueblo de color de miel. Y por la tarde, después de conocer al capitán médico, me devolvieron a Villarluengo, en donde descansaba la segunda compañía del BOF, que era a la tenía asignada.


Posible ubicación del antiguo hospital de Fortanete y que sirvió de
 hospital de campaña tal y como lo cuenta Joan Busquet
25 de enero de 1938
Villarluengo en un pequeño pueblo del término (judicial) de Aliaga, situado al lado del rio Palomino, colocada encima de una zona rocosa, de casas juntas y calles estrechas, de fuertes subidas y bajadas y un mirador encarado hacia el abismo con un nombre acorde: el Balcón de los forasteros.

Jerárquicamente la segunda compañía estaba formada por el capitán Sánchez y el Teniente García y Boqueria, y el jefe de la oficina era al sargento Moixí. Me adjudicaron, como asistente, el soldado Modesto Bernat Gasc, de la población de Onda, en donde tenía mujer e hijos, y que, por la diferencia de edad, podía ser mi padre.

El primer problema con el que me encontré fue que una buena parte de los soldados tenía sarna. Esta es una enfermedad infecciosa y contagiosa de la piel, producida por un ácaro, el sarcoptes scabici, de 0,25 milímetros; la hembra realiza un túnel en el estado corneo de la piel mientras va poniendo entre cincuenta o sesenta huevos durante un periodo de dos meses. Estos huevos –de 150 micras- se va escampando por la piel, sobre todo en los espacios interdigitales de las manos, en los pliegos las muñecas y de los codos, en el ombligo y en la glándula mamaria. Es una enfermedad que produce mucho picor, sobre todo de noche, y que obliga a rascarse con obstinación, produciéndose lesiones que ayudan a propagarse por el resto del cuerpo y complicaciones asociadas a otros gérmenes habituales de la piel: las complicaciones impetiginosas (lesiones sobre infectadas).

Los soldados se iban contagiando la sarna por razones de tipo higiénico y, sobretodo, por el frio. Había días que el termómetro bajaba hasta los 25 grados bajo cero. El agua siempre estaba helada y el terrible frio, invitaba al contacto humano (para auto calentarse), de manera que se buscaba el calor del otro, propiciándose así el contagio.
Rio Palomita desde el Balcón de los Forasteros


Un día, en el Balcón de los Forasteros descubrí que en un tramo muy corto del rio Palomita el agua no se helaba, y al preguntar a los vecinos del pueblo por que se producía este fenómeno, me explicaron que era gracias a una fuente de agua caliente, con olor a azufre que nacía al lado de la ribera del rio. Así pues durante los días de mi estancia en Villarluengo bajábamos cada mañana al rio, hacía bañarse a los sarnosos, a continuación les hacía lavar la ropa sucia i contaminada y ponerse ropa limpia. La noche anterior habían dormido untados con pomada de Helmerich(5), hecha a base de azufre y carbonato de potasio. Y entre la pomada, y la fuente de agua caliente y sulfurosa pude iniciar el tratamiento para erradicar la sarna que, desgraciadamente, no pudo finalizarse.

En este pequeño pueblo de la provincia de Teruel fui testimonio de una experiencia  memorable. Una noche vimos como el cielo se teñía de color rojizo que iba cambiando de tono y subimos a un montículo para contemplar el espectáculo. Estábamos todos los que componíamos la Plana Mayor. En un primer momento pensamos que se trataba de un incendio que estaba arrasando medio Aragón, pero la persistencia del rojo cambiante en la vuelta del cielo nos hizo darnos cuenta de que se trataba de un fenómeno de otra naturaleza. Al cabo de unos cuantos días supe que habíamos contemplado una aurora borea(6). Años después, durante una estancia en Laponia durante el mes de agosto, esperaba cada noche poder contemplar una aurora boreal. Era el lugar adecuado y no lo pude conseguir, y pensé que me tendría que contentar con aquella vivida, intrigado, una noche, a Villarluengo, en plena guerra, en tierras muy alejadas del Cabo Norte.

28 de enero de 1938
Después  de la sorpresa y el asco que sentí por la manera comunitaria y poco higiénica de servir en coñac la noche que llegué a Cantavieja, hoy el cocinero nos ha hecho una paella al estilo de su país y también me ha parecido muy especial la manera de comerla: ha dejado el arroz encima de la mesa y los seis oficiales con graduación la hemos atacado directamente a cuchara pelada. A medida que íbamos comiendo el arroz, la paella se convertía en una estrella de seis puntas. Cuando todos los oficiales nos hemos hinchado, la estrella – ya un copo fría se la han comido los asistentes, sin miramientos y también cogiendo con la cuchara el trozo que les quedaba más cercana, a la manera comunitaria. Esta vez los oficiales nos la hemos comido caliente, y los asistentes, fría y contaminada.

Aquel día, por la noche, mientras cenábamos, vino el cartero y me hizo entrega de la primera carta de mi madre y un sobre grande que abrí delante de mis expectantes compañeros. Era un retrato de la Montserrat hecha por un retratista prestigioso de Barcelona que, gracias a los retoques, la mostraba bastante más guapa del que en realidad era. Todo el grupo me felicitó por mi novia y por la dedicatoria escrita a pie de foto. (…) la foto fue a parar al fondo de la maleta y posteriormente a manos de las fuerzas nacionalistas al cabo de cierto tiempo.

Unos días después tuve la suerte de conocer al médico del pueblo. Era relativamente joven y un verdadero científico, cosa que comprobé personalmente cuando, con júbilo, me enseñó su laboratorio, presidido por un, recién estrenado, microscopio binocular entre otros instrumentos, para poder realizar un excelente trabajo en las exploraciones analíticas.

Las semanas transcurrían sin cambios en aquella tierra casi olvidada, de clima frio en medio de una guerra caliente, cerca del frente de batalla. Y el 31 de enero la compañía fue destinada a Lidón, a tan solo cinco quilómetros del frente de batalla (…).

Busquet, en su diario vuelve a citar su estancia en Villarluengo(7): 
(…) Evocaré los días pasados en Villarluengo, todavía lejos del frente. Recordaré su situación, entre peñas, la vista magnífica del Peón de los Forasteros y aquel principio de amistad con el joven médico, de cuerpo y espíritu, que diagnosticaba científicamente, que poseía un microscopio y que en un rincón del mundo estudiaba para mejorar su situación y dar cabida a sus aspiraciones de sabiduría y conocimientos.

Joan Busquet continuó por tierras aragonesas durante unos meses más. Entre febrero y marzo de 1938 estuvo por las poblaciones de Mezquita de Jarque, Pobo, Escorihuela, Camarillas, Aliaga Ejulve, Allepuz y Monteagudo del Castillo. Su misión era la de ir construyendo fortificaciones. A finales de marzo se encontraron las cuatro compañías del BOF número 9 en Mora de Rubielos esperando un nuevo destino al que dirigirse. Así fueron subidos a un tren y conducidos hacia el Segre para fortificar el frente. No fue hasta enero de 1939 que no volvió a su casa natal. En ella esperó a que Terrassa fuera “liberada”, presentándose en ese momento ante las nuevas autoridades. Después de pasar por el Palacio de Justicia de Barcelona, para ser depurado´(8) y presentar los correspondientes avales pudo continuar con su carrera profesional.

Plano cartográfico de las poblaciones por donde estuvo Joan Busquets

Poco antes de escribir este artículo me dirigí a su domicilio para solicitarle su permiso para reproducir la parte del libro que hablaba de pueblos del Maestrazgo. En diciembre de 2009 tuve la oportunidad de conocerlo y de pasar una tarde de domingo en compañía de su esposa. Hablamos del libro, de las experiencias de la guerra. Me enseñó su biblioteca y el uniforme de teniente del “Ejército Rojo” que todavía conserva. Al finalizar la conversación, ambos, me acompañaron hasta la salida y después de dar un par de besos a su mujer, que según me confesó; “és lo que més agrada a una àvia” (“lo que más le gusta a una abuela es que sus nietos la besen”), me despedí de él con un apretón de manos hasta una próxima ocasión. Y hubo una próxima visita, en la que él ya no salió de la sala, a sus 97 años tiene problemas de movilidad pero a su favor continua conservando en su memoria los hechos que acontecieron en aquella época y los lugares por donde estuvo, de una manera detallada y fidedigna. Volvimos a hablar de Villarluengo, del Balcón de los Forasteros, del baño en agua sulfurosa… y los ojos le brillaban. Estaba reviviendo lo acontecido en estas duras tierras del Maestrazgo.

Joan es y será para mí una persona entrañable, que representa la generación que dejo su juventud en manos del destino y que ha hecho posible inmortalizar esta época tan representativa. Reseño a renglón seguido aquello que comenta Busquet y que bien representa la vuelta a la “normalidad” de tantos miles de jóvenes una vez finalizada la guerra.

(...) Era hora dels retrobaments i de les absències. De recuperar els vells amics i de comptar els que havien mort, d’un costat i de l’altre, durant la guerra. Era hora de recordar els valents que havien donat la vida en defensa d’uns ideals i de fer la llista dels que havíem quedat i ara havíem d’aprendre a conviure amb els vencedors estufats i envanits: els covards, els emboscats, els enxufats, els amagats i enterrats vius, i els tebis del bàndol “rojo separatista” entre els que em comptava.

Era hora de los reencuentros y de las ausencias. De recuperar los viejos amigos y de contar aquellos que habían muerto, de un bando y del otro, durante la guerra. Era hora de recordar a los valientes que habían dado la vida por la defensa de unos ideales y de hacer la lista de los que habían quedado y ahora habíamos de aprender a convivir con los vencedores engalanados e engreídos;  los cobardes, los emboscados, los enchufados, los escondidos y enterrados vivos, y los blandos del bando “rojo separatista” entre los que me encontraba.

El Maestrazgo, donde el silencio habla, donde el silencio se impuso, donde el silencio se va escuchando.


Portada del libro
Notas:
0- Traducción al castellano de “LA GUERRA D’UN TEBI”, de Joan Busquet i Rusiñol, Fundació Torre del Palau, Terrassa, 2007.

1- Joan Busquet nació en Terrassa (Barcelona) el 27 de agosto de 1917. Cursó estudios de practicante, y posteriormente de Medicina en la Universitat Autònoma de Barcelona. Inicialmente se especializó en cirugía vascular, después a la medicina general, de empresa y de accidentes de trabajo y también la geriátrica. Ha publicado diversos artículos en revistas especializadas de temática médica, así como la impartición de conferencias sobre su trabajo como médico durante cerca de 50 años.
Ha publicado diversos libros; Isil, el crit del sileci, Memòries d’un amnèsic y  Memòries d’un amnèsic 2 y este que presentamos, La guerra d’un tebi, diario personal de las vivencias (pág. 75-78) de Joan Busquet durante la Guerra Civil que como practicante le toco servir de enfermero en el Batallón de Fortificaciones número 9 del Ejército Popular de la República, Como a tantos miles de jóvenes la sublevación de julio de 1936 truncó su vida. La de un estudiante de medicina de 18 años, católico y miembro de la Federació de Joves Cristians de Catalunya (FJC), movimiento juvenil católico que fue perseguido por la derecha por sus ideas nacionalistas como por los elementos incontrolados de la retaguarda gubernamental, por su base cristiana y católica. Buena parte de los que se quedaron en Catalunya al inicio de la guerra fueron perseguidos y muchos de ellos fusilados (les dieron el paseo), otros lucharon en el ejército republicano.

3- Los Batallones de Obras y Fortificaciones, como comenta Joan Busquet, se crearon durante la guerra, y probablemente, por dos motivos: primero, para la construcción de trincheras y puestos de defensa por razones militares, y segundo, para dar trabajo a los trabajadores de la construcción. Los paletas y manobras estaban en paro y la única salida laboral que tenían era hacerse voluntarios de los BOF. De hecho, los jóvenes se incorporaban al ejército por idealismo o por quintas. En cambio, los soldados del BOF eran adultos que no tenían trabajo, muchos eran casados y con cargas familiares, y que veían en las unidades de fortificaciones el medio de subsistencia. Cobraban 300 pesetas cada mes y la mayoría lo enviaban a casa para mantener a la familia. Sus únicas armas eran el pico y la pala, y el cemento armado para la construcción de fortines, búnqueres y nidos para ametralladoras. Su trabajo se realizaba principalmente de noche para evitar ser descubiertos por los observadores o por la aviación franquista “pavas” que vigilaban desde el cielo la zona republicana.

4- En Fortanete existía un hospital desde muy antiguo. El edificio estuvo en ruinas ya que, según cuenta la gente mayor, el ayuntamiento lo derribó pare vender la madera. Posteriormente en el solar que ocupaba dicho hospital se ha edificado una vivienda particular.

5- La  Pomada Helmerich es un producto farmacéutico de uso externo sobre la piel y se utiliza como un antiparasitario débil y el tratamiento de la sarna. En la revista La Abeja Médica, tomo IV, Barcelona, 1850, se indica cómo hacer esta pomada: Azufre sublimado, pasado por un tamiz de seda muy fina, 200 partes; Carbonato de potasa, 100 partes; Agua, 50 partes y Enjundia, 800 partes (que puede ser grasa de cerdo o manteca). Se disuelve el carbonato de potasa en el agua, se filtra el líquido y se mezcla con la enjundia al mismo tiempo que el azufre.
En El Monitor de la Salud de las Familias, tomo segundo, Madrid, 1859, se describe cómo usar esta pomada: 1º Fricción general, por espacio de media hora, con jabón blando, para limpiar bien el cuerpo. 2º Un baño general tibio, de media hora cepillándose al mismo tiempo la piel para acabar de limpiarla y reblandecerla, y 3ª Otra fricción general, de media hora, con la pomada de Helmerich.
Y en Tratado Completo de Patología Interna, tomo tercero, Madrid, 1870, dice que lo más que se tarda en curarse la sarna es de ocho a quince días, y que, desempeña asimismo gran papel en el tratamiento rápido de la sarna.
Desconozco si Joan Busquet utilizaba este producto comercializado o era fabricado por él o per joven médico del que hace referencia. Actualmente este producto es fabricado por el Laboratorio Crespal de La Paz, Bolivia.
La información de la POMADA DE HELMERICH,  ha sido facilitada por el profesor Antonio Ramos Carrillo, Director del Museo de Historia de la Farmacia de la Universidad de Sevilla.

6- Una aurora boreal o aurora polar es un fenómeno óptico consistente en un resplandor observado en el cielo nocturno de las regiones próximas a las zonas polares, a causa del impacto de partículas de viento solar contra en campo magnético de la tierra. Este espectáculo fue visionado desde otros lugares del país. Así lo describe Manuel Tagüeña, licenciado en Ciencias Físico-Matemáticas, militar de carrera que llegó a la graduación de Teniente Coronel del Ejército de la República, en sus memorias autobiográficas en Testimonio de dos guerras, y que pudo observarla desde su puesto de mando:
 (...) La noche del 23 al 24 de enero hubo alarma en nuestros acantonamientos al ver el cielo enrojecido. Creíamos que había incendios hacía Somosierra, pero se trataba de un aurora boreal que se observó en toda Europa.
José Llordés, soldado de reemplazo que dejó escrito su experiencia en la guerra en Al dejar el fusil, Memoria de un soldado raso en la guerra de España, sitúa este acontecimiento en el miércoles 26 de enero de 1938:
(…) Mientras contemplábamos aquel espectáculo, entrando y saliendo de las chabolas no nos dimos cuenta de que cinco de nuestros soldados se “pasaron” a los rojos, tranquilamente, sin miedo de que les descubrieran.
José Llordés se encontraba en trincheras opuestas a Joan Busquets o Manuel Tagüeña

7- J. Busquet, en La guerra d’un tebi, (cit) p 89. Anteriormente en la página 71 aparece el nombre de Cantavieja en una conversa mantenida en Castelló con el teniente pagador. Este le comenta que en la población (Cantavieja) se encuentra descansando la comandancia del batallón, que se acopie de ropa de abrigo por las bajísimas temperaturas que existen. Que - también está el servicio de intendencia: cuando llegue le darán el uniforme, el capote y las botas. Pero necesitará ropa interior que abrigue. Piense que algunos soldados han tenido congelaciones importantes. (…) Mientras explicaba con todo detalle la victoria militar, a mí se me iban congelando las ilusiones en imaginarme no un batallón destinado a fortificar la costa mediterránea, sino una unidad perdida en medio del frio entre las montañas de Teruel.
También, en la página 82, Cristina, la madre de Joan Busquet, en una carta que le envía al frente el 4 de febrero de 1938, hace mención al pueblo de Villarluengo.

8- En la web del PARES (Portal de archivos Españoles) del Ministerio de Cultura describe claramente lo que significó la depuración.  “La dictadura franquista vertebró su régimen represor mediante la promulgación de leyes especiales con un objetivo bien claro: continuar, ya durante la larga posguerra, la persecución de los contrarios o desafectos al Nuevo Estado, mediante incautaciones de bienes, sanciones económicas, reclusión, y si procedía, la eliminación física. La construcción jurídica de la represión política que siguió a las eliminaciones selectivas e indiscriminadas de los primeros momentos de la sublevación, se materializó por parte de los vencedores en un entramado institucional especializado y coordinado, para castigar y doblegar a los denominados enemigos de España, como los Consejos Guerra, la Ley de Depuración de Empleados Públicos, las Juntas de Incautación de Bienes, el Tribunal Especial contra la Masonería y el Comunismo, los Tribunales de Responsabilidades Políticas y, más cercano en el tiempo, el Tribunal de Orden Público” (http://pares.mcu.es/victimasGCFPortal).